El envión de dos victorias consecutivas por goleada (Arsenal y Godoy Cruz) nos alimentaba la ilusión de conseguir una tercera como visitante ante Quilmes. Nada de eso, se volvió a perder, a jugar, vaya a saber uno a que, lleno de errores y horrores como el de Bottinelli, que no es para crucificarlo, pero costo fue muy caro, porque la semana que viene se juega nada menos que el clásico. Si bien se dice, con razón, que son partidos aparte, venir de una caída no ayuda en nada, para la semana de trabajo de cara al partido frente Boca.
El 0-1 ante Quilmes, complica no sólo las tenues aspiraciones de pelear el torneo, sino también la tabla de los promedios. El "cervecero" divide de la misma manera que River y ante cada victoria al dividir por sólo una temporada el promedio se modifica de manera más positiva que ante los que dividen por dos o tres temporadas.
El juego que mostró este River fue más de lo mismo que lo observado ante Belgrano en el "Monumental" , Colón y Vélez. Varios son los partidos en donde el juego de River fue muy pobre, muchos cambios que no dieron resultado. El partido ante Quilmes, salvo la ausencia de Trezeguet por una distención, iba a ser el mismo que ante Godoy Cruz pero un imprevisto a último momento, Aguirre con un fuerte estado gripal, hizo cambiar a Almeyda, otra vez. Lanzini fue el cambio que introdujo el "Pelado", y su desempeño en el campo de juego fue acorde al partido que realizó River, intrascendente.
Tanto se lo criticaba a Matías Almeyda por el triple 5 que, ante la ausencia de uno se ellos, el nivel de juego del equipo fue lejos de lo esperado. Ahora la con la derrota consumada, se viene una semana movida para el cuerpo técnico, el clásico ante Boca va a marcar el futuro de la misma. Es duro, pero River no puede seguir jugando de esta manera, ganar un partido y al otro perder. Hay que mantener una regularidad de buen juego y resultados, sin estos parámetros los objetivos están lejos de alcanzarse.

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